Archipiélago en Movimiento. Jardín público para el juego y el andar en Maipú

  • Estudiantes: María José Araya
  • Profesor Guía: Francis Pfenniger B.

La ciudad contemporánea ha evolucionado especialmente a favor del transporte
motorizado, en Santiago de Chile más del 60% de los viajes corresponden a viajes de este
tipo siendo el 49, 6% en transporte público [SECTRA, 2012]. Esto ha provocado que por razones de tiempos, hábitos e intereses hayamos dejado de caminar por nuestra ciudad y aún más preocupante, de jugar.
Johan Huizinga [Homo Ludens, 1938] afirma que la cultura deviene del juego, es a través de él que se generan las interacciones necesarias para el surgimiento de lo que llamamos cultura. Este valor asociado a lo humano es difícil de encontrar en la ciudad  desplanificada del actual Santiago de Chile. Sin embargo dentro de ella existen ciertos parajes en donde, si volvemos a caminar, se abre un espectro infinito de Ciudades Paralelas a la ciudad funcional. Una de estas nuevas urbes es la ciudad del juego, cuyas prácticas las he denominado Playscapes: paisajes temporales del juego urbano individual y colectivo.
A esta carencia de pausa, de andar y de juego global, se suma otra local en Santiago de Chile, la cual hace referencia al despojo que hemos tenido como habitantes de la ciudad con/hacia la condición de cuenca y valle. En Maipú, comuna periférica, se traslapan tres ciudades paralelas en donde aún se puede habitar con cierto reconocimiento de nuestra condición geográfica particular y palpitante. Aquellas tienen la capacidad de transformar prácticas urbanas cotidianas de manera autónoma y colectiva, estas son el circo, la agricultura urbana y el ciclismo de alcance territorial. Esta triada urbana, ha persistido de forma precaria y ha logrado evolucionar por la convicción global que los conmueve, y se esmeran por construir entornos urbanos colectivos e inteligentes, desde un punto de vista creativo y participativo, transformándose en actores políticamente activos gestores de un nuevo espacio público.